Dos meses hacía que había
regresado a NY, dos meses en los que tras pasar las dos primeras semanas
viviendo con su padre por fin había encontrado la casa que buscaba, dos meses
en los que cada tarde recorría el camino hacia aquellos columpios en los que un
día tomó la peor decisión de su vida.
Dos meses en los que se centró en
su investigación y tenía que reconocer que los pasos dados por el escritor
habían sido muy buenos. Pero gracias a todos los “juguetes” y personas que
conoció en el FBI había logrado avanzar.
Descubrió que justo en la fecha
en la que desapareció el escritor su abogado en NY creó junto con un abogado
español una nueva empresa. Dicha empresa se nutrió de capital procedente de
bancos suizos, que casualmente, eran los mismos a los que Richard había transferido
gran parte de su capital.
Cada día se acercaba un poco más
y, según avanzaba una sensación de angustia se iba apoderando de ella. ¿Qué
pasaría si tras descubrir el paradero del escritor éste no quería saber nada de
ella?
Miró el reloj, había quedado a
comer con Lanie y si no salía ya de casa llegaría tarde. Tras caminar una media
hora por fin llegaba a la 12th. No tuvo necesidad de subir ya que su amiga la
estaba esperando en la puerta de la comisaría.
-Hola Lanie, siento el retraso.
Me entretuve con una cosa.
-Hola cariño, no pasa nada
termino de bajar. Supongo que lo que te ha retrasado es la investigación, ¿no?
– Su amiga asintió- bueno pues ahora que ya estás aquí vamos a comer, estoy
hambrienta.
Tras la decepción sufrida por
Katherine al descubrir que su amiga le había ocultado lo que sabía de Richard
ambas habían hecho un trato para intentar salvar su amistad. Ninguna
preguntaría sobre Richard a la otra. Entre ambas él no existía.
-Ayer me llamó Martha, quería
invitarme al estreno de su nueva obra de teatro – decía Katherine.
-Supongo que habrás aceptado la
invitación.
-Si, claro que acepté. Pero no
voy a negarte que tengo algo de miedo – la forense la miró como esperando una
explicación- Alexis también estará allí, y eso me asusta un poco.
-Venga ya, cariño. Alexis te
adora – Katherine elevaba una de sus cejas- vale, puede que ahora no te adore
pero lo que sí sé es que no te odia. Podrías aprovechar y hablar con ella esa
noche.
-No sé si será el día adecuado.
Esa noche la gran protagonista es Martha
y no quiero hacer nada que estropee su noche.
-Pensándolo bien, puede que
tengas razón. Por cierto, esta noche cenamos en casa de Kevin y Jenny, que hace
mucho que no vemos a la pequeñaja.
-Vale. ¿Vamos todos?
-Sí claro, ¿por qué? – preguntaba
la forense.
-Por nada, era una pregunta sin
ningún doble sentido.
-Ya, Katherine que nos conocemos
– Lanie se paraba cruzándose de brazos esperando una respuesta.
-Está bien. ¿Quería saber cómo os
va a Javi y a ti?
-Así que era eso, pues mal. Nos
va mal. Y esta vez es definitivo, estoy harta Katherine. No puedo con sus
celos, su desconfianza, sus malos modos. Se ha terminado, sólo espero que
logremos ser amigos.
-Lo siento, espero que aún estéis
a tiempo de arreglarlo.
-No hay nada que arreglar –
contestaba tristemente la forense al tiempo que su móvil comenzaba a sonar-
perdona cariño tengo que contestar es del trabajo.
Las chicas tuvieron que separarse
ya que Lanie regresó a la 12th por un nuevo caso, pero antes quedaron para ir
juntas a la cena en casa de los Ryan.
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Dos meses hacía que Richard
estaba nuevamente ejerciendo de padre. El primer cambio que tuvo que afrontar
fue el cambio de vivienda en la Fundación. Con las niñas viviendo con él no
podía continuar compartiendo casa con Gaby, así que desde la FVF le
proporcionaron una nueva, en la que poder comenzar a vivir como una familia.
La adaptación de Laskmi y Uma iba
por buen camino, cierto que aún echaban de menos a sus padres sobre todo Uma,
pero Richard hacía todo lo posible por que se sintieran queridas y protegidas.
Cada día las niñas hablaban con
Alexis y Martha, ambas mujeres adoraban a las chicas y estaban deseando
conocerlas en persona.
Laskmi se pasaba el día hablando
de su nueva hermana mayor que tenía un precioso pelo rojo, y de su loca abuela
que cada día aparecía en la pantalla del ordenador disfrazada de algo. Para Uma
el tener una hermana mayor con la que poder hablar le hacía sentirse una niña
nuevamente, podía dejar de ser la super hermana de Laskmi. Y las locuras de
Martha lograban sacarle siempre una sonrisa.
Ambas niñas estaban ya en la cama
durmiendo, cuando Kenya llegó a la vivienda.
-Hola preciosa – decía Richard
tomándola por la cintura y besándola.
-Me gusta este recibimiento. Anda
ponte las zapatillas y lárgate.
-¿En serio no te molesta qué
salga con Josh?
-Claro que no, tú sal y ten esa
charla con Josh y yo cuidaré de las niñas. Ya puesto, intenta averiguar que
intenciones tiene el médico con Gaby.
-Lo haré, no quiero que Gaby lo
pase mal, aunque por lo que sé de él podemos estar tranquilos. Prometo no
regresar muy tarde – se despedía de su novia con un beso.
Richard cogió el coche de Kenya
para llegar hasta la vivienda del médico, durante el trayecto el escritor
comenzó a sentirse nervioso. No sabía cómo se sentiría hablando de ella, hacía
ya más de ocho meses que se habían separado, meses en los que nunca nadie había
hablado de ella. Ni siquiera Kenya le había preguntado sobre su antigua
relación. Y ahora hablaría de ella.
Toco la puerta esperando que
alguien le dijera que pasara.
-Hola Castle, pasa – decía Josh
al abrir la puerta- estaba terminando unos informes.
-Vaya te traes el trabajo a casa
-Es para la ONG, debo mandar los
informes cada mes - contestaba el médico- ¿cerveza?
-Claro. Y ¿Cuánto tiempo piensas quedarte en la
India?
-La verdad es que no lo sé.
Llegue con unas ideas, pero ahora que estoy aquí no estoy seguro de querer
regresar. ¿Y tú? –preguntaba a su vez el médico.
-Tampoco lo sé. Llegué buscándome
y he encontrado más de lo que pensaba.
-Ya, has encontrado dos nuevas
hijas. ¿Alexis que tal lo ha tomado?
-Genial, está como loca por
conocerlas. Siempre quiso hermanos.
Ambos hombres se sentaron en el
sofá una vez que Josh envió los informes.
-Castle, cuando Laskmi estuvo
enferma me dijiste que Kate había dejado NY, pero desde entonces nunca hemos
hablado de ello. ¿Qué os paso? Siempre creí que vosotros erais inseparables.
-Ya, bueno pasaron muchas cosas y
el resultado fue el que ves – contestó Richard.
-Ha pasado mucho tiempo, ahora ya
soy capaz de decir lo que peor llevaba en mi relación con ella. Tú, siempre
estabas presente. Siempre estabas en medio.
-Lo siento, nunca quise
interponerme en vuestra relación – se defendía Richard.
-No te estoy culpando de nada. No
tenías que hacer nada para interponerte porque de eso ya se encargaba ella.
Siempre hablando de ti, preocupada por ti. A veces tenía la sensación de que en
aquella relación sobraba alguien y era yo. No era tonto, podía ver lo que ella
sentía por ti. Sólo había que fijarse un poco en su cara cuando tú estabas
cerca, nunca tenía esa cara estando conmigo.
-Tengo que reconocer que me caías
mal, muy mal. Me enamoré de ella casi al instante de conocerla y el hecho de
verla contigo me ponía enfermo. Pero no podía hacer nada, yo había comenzado
una relación con Gina y ella podía hacer con su vida lo que quisiera. Siempre
he sido fiel, y sé que ella también. Así que sólo continué con mi vida.
-Cuando la conocí en sus ojos
había una gran sombra de tristeza, pero aun así me volvió loco al instante. Y
quise intentar hacer desaparecer esa tristeza de su rostro. Comenzó a sonreír,
se mostraba más relajada. Y al principio creí que lo había logrado, creí que la
hacía feliz, que había logrado hacer desaparecer su gran dolor. Fui un iluso.
-¿A qué te refieres? – preguntaba
el escritor.
-No fui yo quien lo hizo. Ella
cambió cuando tú regresaste, tardé un tiempo en darme cuenta que eras tú la
causa de su cambio y no yo. Por eso me marché la primera vez. Necesitaba
convencerme de que ella me quería. Cuando regresé volví decidido a luchar por
ella, si tenía que luchar contra ti lo haría.
- Yo nunca fui el enemigo Josh,
nunca hice nada para que ella te dejase. Nunca habría hecho nada para
separaros. Habría seguido mi vida, pero entonces llegó el atentado. Pensé que
la perdía, la vi morir en la ambulancia. Y aquella vez flaqueé, le dije que la
quería.
-Respecto a lo que te dije aquel
día, quería disculparme. Me sentí morir cuando la vi en aquella mesa de
quirófano sintiendo que su vida se escapaba con cada latido de su corazón y te
culpé de todo. Necesitaba que alguien fuera el culpable de su posible muerte y
tú eras el indicado. Tú eras la persona que se interponía entre Kate y yo, así
que te eché toda la mierda.
-No te disculpes, tenías razón.
Si yo no hubiese removido el caso de su madre ella nunca hubiera sido un
objetivo. Así que tenías razón al decir que yo tenía toda la culpa. Sentía que
había sido yo quien le había disparado. No fuiste más duro tú conmigo de lo que
ya lo era yo mismo.
Las cervezas fueron cayendo a
medida que ambos hombres se sinceraban, para ninguno de los dos estaba siendo
fácil la conversación pero ambos sentían que a medida que iban hablando algo
dentro de ellos les hacía sentirse mejor, como liberados de una pesada carga.
-Me echó de su habitación –
retomó la conversación Richard con una nueva cerveza en sus manos- me alejó de
su vida, tres meses y de repente un día apareció ante mí como si nada hubiera
pasado. Estaba tan enfadado con ella, que casi la eché de mi lado. Me dijo que
vosotros habíais terminado, pero nunca me dijo la razón.
-Rompimos al poco de que ella
recibiera el alta. Un día llegó a mi casa y me dijo que teníamos que hablar.
FLASHBACK
-Kate, cariño creía que cenábamos
en tu casa.
-Lo sé Josh, pero necesitaba
salir de mi casa, necesitaba respirar y cuando me quise dar cuenta me
encontraba delante de tu casa.
-¿Has venido caminando? – ella
tan solo asentía- cariño, aún estás débil no debes hacer esos esfuerzos.
-Josh, no te comportes como mi
médico. Estoy bien, he descansado varias veces durante el camino – se defendía
ella.
-Será mejor que nos sentemos, y
pidamos la cena. ¿Quieres un zumo mientras esperamos? – preguntaba Josh.
-Preferiría una cerveza – viendo
el gesto de Josh supo que aquello no le parecía bien- vamos no me mató la bala
no creo que lo logre una cerveza.
-Está bien, pero sólo una –
contestó él mientras se dirigía a la nevera- me tomaré una yo también. Espero
que te quedes a dormir, necesitas descansar.
-No creo Josh que sea buena idea.
-Insisto, debes quedarte a dormir
– contestaba él tendiéndole la cerveza.
-Josh tenemos que hablar – decía
ella mirándole fijamente- necesito hablar.
- ¿Debería asustarme? ¿Estás
bien, no? – preguntaba algo inquieto Josh.
-Sí estoy bien, pero necesito
hablar contigo – le miraba esperando alguna señal para comenzar.
-Vale. Pues tú dirás.
- No es fácil, para mí nunca ha
sido fácil hablar de mis sentimientos. Pero ahora mismo es lo que necesito.
Necesito ser sincera contigo pero sobre todo conmigo misma.
-¿A dónde quieres llegar? –
preguntaba totalmente perdido.
-Cuando te conocí estaba
realmente hundida, había pasado algo que me hacía sentir mal. Entonces llegaste
tú y trajiste algo nuevo a mi vida. Me gustaste casi desde el día en el que nos
conocimos. Y cuando me dijiste lo que sentías por mí no me lo pensé. Decidí
intentarlo contigo. Creía que sería suficiente con que me gustases, y durante
unos meses lo fue. Pero luego todo cambió otra vez. Y comencé a pensar que me
estaba engañando, no me valía con eso.
-¿Todo cambió? ¿A qué te
refieres?
-Tú cambiaste, yo también lo
hice. Comenzamos a alejarnos, a querer cosas diferentes. Tú querías salvar el
mundo y yo también, pero ambos lo queríamos hacer desde diferentes lugares.
-Kate, me fui porque sentía que
no me querías, sentía que algo se estaba interponiendo entre nosotros y no eras
valiente para decírmelo. Te pregunté durante semanas que pasaba, y siempre
decías que nada, que sólo estabas cansada- él también tenía cosas que decir.
-Lo sé. Sé que debí haber hablado
contigo, pero pensé que todo pasaría –Kate se levantó y comenzó a pasear por el
salón mientras hablaba- que el tiempo pondría todo en su lugar. Pero a medida
que los meses pasaban yo me sentía más alejada de ti, necesitaba algo más. Algo
que tú no podías darme, pero aun sabiendo eso volví a ser cobarde. Y decidí
callar.
-Es por él ¿verdad? – Preguntó de
repente Josh- lo puedes intentar explicar como quieras Kate, pero ambos sabemos
que todo es por él. Todo cambió cuando Castle reapareció en tu vida, tu sonrisa
se hizo mayor. Tu humor dependía de él – Kate le miraba con cara de sorpresa-
cuando algo había ido mal entre vosotros tu humor era nefasto. El día que Gina
y él terminaron, pese a escucharte decir que lo sentías por él tus ojos dijeron
otra cosa. Al principio pensé que eran imaginaciones mías, pero según pasaba el
tiempo estaba más seguro de que era a él a quien querías. Sólo estabas conmigo
porque él se fue aquel verano, ¿me equivoco?
-Josh, yo…
-Contesta – gritó el médico-
perdón, contesta Kate, venga es fácil. ¿Comenzaste conmigo porque él se fue?
-Sí, puedes decir que fue por
eso. Le quería pero tenía miedo de enfrentarme a mis sentimientos, cuando logré
reunir el valor era demasiado tarde – las lágrimas comenzaban a llenar los ojos
de Kate.
-Por dios, sólo fue tu segunda
opción. Nunca tuvimos un futuro, porque ni siquiera querías un presente
conmigo.
-Me gustas, me gustas mucho, pero
eso no es suficiente. Quiero más, quiero otro tipo de relación. Te juro que
pensé que lo lograríamos – Kate había comenzado a llorar.
-¿Lograrlo? Kate, nunca tuvimos
oportunidad. En el momento en el que él reapareció todo terminó entre nosotros.
Le odio, cada día veía como le tratabas y veía como te miraba. Y esa forma que
tenéis de actuar me hacía sentir idiota. Por eso me fui, necesitaba pensar.
Pero regresé, no se lo iba a poner fácil si él te quería tendría que luchar por
ti. Pero lo gracioso es que nunca hacía nada por separarnos, incluso si me veía
aparecer él se iba. Eso me hacía difícil el odiarle. Te quiero Kate, y puede
que por eso haya dejado de lado muchas cosas que he sentido, pero no soy
estúpido sé que no soy yo la persona que hace que tu corazón lata. Eso es
Castle el que lo logra.
-Le he echado, le dije que se
fuera. No puedo afrontarlo – decía una Kate rota por el dolor.
-¿El qué no puedes afrontar?
-Mis sentimientos por él, el
saber que él siente lo mismo que yo. No puedo. Pero tampoco puedo seguir
mintiéndote. Te mereces estar con alguien que realmente te quiera y no con
alguien que sólo está muerta de miedo.
-Kate – decía levantándose y
acercándose a la detective- ¿A qué le tienes miedo?
-A que él se canse, a que no sea
la mujer que él espera, a ser una conquista más. A perderle, a despertarme un
día y ver que él ya no está a mi lado. A que un día él descubra que realmente
no me quiere. A que sólo me lo dijera porque pensó que me moría.
-¿De qué hablas?-aquella última
frase le había dejado perdido.
-El día del tiroteo, cuando la
bala me atravesó y caí al suelo Castle me dijo que no le dejara que me quería
que no podía dejarle solo.
-Y sabiendo que te quiere, ¿le
has echado de tu vida? - preguntaba un
tanto descolocado.
-Josh, no puedo afrontarlo, me da
auténtico pánico. No sé cómo actuar.
-Kate, hay algo dentro de ti que
te está haciendo mucho daño. No te dejas ser feliz. Intentas jugar a ser feliz
con relaciones que sabes que nunca llegarán a ser nada serio, pero te niegas
tener una oportunidad con el hombre al que amas. Siento lástima por ti.
-No puedo hacerlo – gritaba rota
por el dolor- simplemente no puedo daros lo que queréis.
-¿No puedes o no quieres? Conmigo
has jugado, le querías a él pero estabas conmigo. ¿Sabes por qué? Porque eso
era lo fácil. Lo difícil era reconocer lo que sentías por él y arriesgarte.
Debería estar enfadado contigo, pero lo único que puedo sentir es pena por ti.
Pena porque por dentro estás muerta, y no haces nada por cambiarlo. Ahora él te
confiesa que te ama, y tú le echas de tu vida. Sólo espero que no reacciones
demasiado tarde. Espero que cuando seas capaz de afrontar todo lo que sientes
no te hayas quedado sola – tras decir aquello se marchó del salón dejándola
sola.
FIN FLASHBACK
-Lo siento mucho Josh, siento que
fueras un peón en nuestro absurdo juego – decía totalmente hundido Richard.
-Ya, no fue culpa tuya. ¿Otra
cerveza? – Richard asintió.
-Lo intentamos – dijo el escritor
de repente.
-Ya, me lo había imaginado – le
decía mientras le tendía una nueva cerveza- ¿qué pasó?
-Tardamos casi un año desde que
regresé a su vida, pero al final nos dimos una oportunidad. Fue genial, por fin
ella se abría por fin se dejaba llevar por sus sentimientos. Yo había logrado
estar con la mujer a la que amaba. Siempre creí que ella sería la definitiva,
pero me equivoqué. Y al final rompimos. Le pedí que se casase conmigo y obtuve
una negativa por su parte. Y puso fin a nuestra relación.
-¿Así sin más? – preguntaba el
médico.
-No, sé que ambos lo hicimos mal
durante los últimos meses. Ambos teníamos miedos, pero en lugar de hablar nos
callamos. Y al final todo explotó. Llegó la oferta del FBI y decidió aceptarla
y dejar todo atrás.
-Lo siento, ha tenido que ser
duro.
-Sí lo ha sido. ¿Te quedan
cervezas? –Josh asintió- pues voy a por otro par. Pero gracias a Gaby, a Kenya,
a la FVF, a mis hijas, ahora veo todo de otra forma –decía regresando con las
cervezas.
-Tío y si un día te pide que
volváis a intentarlo, ¿qué harías?
-Es difícil, ella no sabe que
estoy en la India – Josh ponía cara de sorpresa- sí, no lo sabe y nadie se lo
ha dicho. Además no creo que ella vaya a cambiar de idea. Seguro que estará tan
feliz en DC y no se acuerda para nada de mí.
-Venga ya, ni tú te crees lo que
terminas de decir. Estamos hablando de Kate, seguro que piensa en ti mucho,
seguro que pregunta por ti a vuestros amigos.
-Eso da lo mismo. Ellos nunca le
dirán donde estoy, tienen una promesa que cumplir. Además, ya no me importa.
Soy feliz aquí, tengo dos hijas pequeñas a las que adoro, una novia que no me
complica la vida. ¿Quién se acuerda de Katherine Beckett?
La conversación se fue alargando,
ambos hombres comenzaron a contar anécdotas de su vida con Katherine y las
cervezas continuaron cayendo.
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Katherine llegaba a casa, tenía
mucho tiempo hasta la hora de la cena así que decidió retomar su investigación.
Sabía que no estaba prestando
atención a algo, pero no lograba encontrar qué era. Fijó su mirada en la
ventana, la cual una vez más hacía las veces de improvisada pizarra. Allí había
ido colocando todo lo que hasta la fecha había descubierto, lo que
desgraciadamente no era mucho. Se alejó unos pasos de la misma, y volvió a
fijar sus ojos en aquellos papeles.
Era Richard Castle, escritor
famoso con una imaginación desbordante, algo tendría que estar haciendo. Pero
la pregunta era qué.
Recapituló, sabía que había
dejado EEUU, que se había instalado en España. ¿Qué podría estar haciendo en
aquel país?
Eso, era. La clave estaba en lo
que habría hecho allí. Según lo que ella sabía el escritor llevaba viviendo en
aquel país 8 meses, conociéndole como le conocía estaba segura que él habría
aprendido la lengua de cervantes.
Esa era la clave, el español.
No se lo imaginaba yendo a una
academia, así que las opciones se reducían a profesores particulares. Tendría
que haber pagado por las clases, sólo esperaba que no lo hubiera hecho en
metálico.
Con renovadas energías se sentó
delante de su ordenador. Gracias a su trabajo en el FBI, tenía las claves para
poder entrar en las cuentas del escritor, esperaba que al menos durante un
tiempo los pagos, de haberse hecho por banco, no fueran desde bancos suizos.
Tras unos minutos ante sus ojos
aparecieron las cuentas del escritor, había una de ellas que llamó su atención.
En ella figuraban pagos
realizados semanalmente a alguien llamado Carmen.
No le hizo gracia descubrir que
él tuviese una profesora. Pero claro era
Richard Castle y no iba a perder la oportunidad de estar con alguna mujer.
Sentía como los celos le corrían por dentro.
Se quedó mirando aquella pantalla
de ordenador, sabiendo que aquello era lo único que ella podría descubrir, no
había forma de que lograse investigar algo sobre Carmen. Desgraciadamente para
Katherine, aquella mujer no era ciudadana americana, ni residía en USA por lo
cual no tenía posibilidad de investigarla.
Se levantó enfadada tanto por el
descubrimiento como por saber que no podía continuar con su búsqueda. Se
dirigió a la cocina y allí se sirvió una copa de vino, necesitaba despejar
nuevamente la mente para lograr encontrar la solución.
Sentada en el sofá releía el
primer libro de la saga de Niki Heat, y entonces supo cómo continuar la
investigación.
Se levantó y tomó entre sus manos
su móvil. Buscó un nombre, un número y llamó.
-Ey, ¿qué es de tu vida?-
preguntó una voz al otro lado de la línea telefónica.
-Hola, bien todo bien. Necesito
un gran favor.
-Tú dirás.
-Te mando unos datos y lo que
necesito que hagas con ello. Si no puedes o no quieres me lo dices.
-Vale, pero sabes que no me
negaré. Ya me conoces – respondía la persona al otro lado- mándalo al sitio de
siempre. En cuanto lo reciba me pondré a ello.
-Gracias, te lo mando en cuanto
cuelgue.
-¿Tiempo? – preguntaba la
persona.
-Para ayer.
-Ok, entiendo. Lo tendrás lo
antes posible. Te dejo, pórtate bien poli.
-Eso debería decírtelo yo – tras
esta frase la conversación se daba por terminada.
Tal y como había dicho nada más
colgar mandó la información con un mensajero. Sabía que aquella persona le
suministraría la información que necesitaba.
Miró su reloj, aún faltaban dos
horas para la hora en la que tenía que recoger a Lanie, decidió relajarse con
un baño de espuma.
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Richard se despertó, la cabeza le
estallaba, miró su reloj eran las 3:30 de la madrugada. Se enderezó en el sofá
y miró al sillón frente a él, Josh estaba tirado en una posición bastante
incómoda.
Se levantó viendo sobre la mesa
los restos de su conversación. Tomó nota mental, nunca más volver a beberse
toda la producción de cerveza Kingfisher.
Recordó la conversación con CJ al
poco de llegar a la India a cerca de las cervezas del país, le contó que la
cerveza Kingfisher es la más conocida en la India, está en todos lados. Y era
cierto, por cualquier lado que fueras estaba su publicidad. Casi todos en la
India toman esta cerveza, sin quitarles el mérito a las demás. Contiene un
grado de alcohol un poco más fuerte que la Haywards y es la preferida de los hindúes.
-Joder, me va a estallar la
cabeza – decía medio dormido aún Josh.
-Sé a qué te refieres, creo que
nunca en mi vida había bebido tanta cerveza – sentía la pastosidad de su boca-
Me voy a ir, Kenya está en casa con las niñas.
-Vale, yo me voy a dormir un rato
– contestaba el médico levantándose del sillón- Nos vemos mañana, iréis a la cena de Gaby, ¿no?
-Claro, nos vemos allí – decía
dirigiéndose ya hacia la puerta.
Media hora después Richard abría
la puerta de su casa, se dirigía a la habitación, entraba sin dar la luz no
quería despertar a Kenya.
-¿Qué hora es? – preguntaba medio
dormida Kenya.
-Las 4 más o menos, vuelve a
dormir aún es pronto – contestaba él mientras se metía en la cama.
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Katherine y la forense llegaban a
la casa de los Ryan, nada más entrar y tras saludar a todos se dirigían a ver a
la pequeña Rachel.
-Está preciosa, ha crecido mucho
desde que no la veo – decía Katherine mirando embobada a la niña.
-Cariño, hace sólo una semana que
no la ves, no ha crecido tanto – contestaba la forense al tiempo que la niña
comenzaba a llorar.
-Tiene hambre – Jenny tomaba en
brazos a su hija – es la hora del biberón.
-¿Te importa si se lo doy yo? –
preguntaba Katherine con una sonrisa.
-Sin problema, ahora te lo
traigo.
Mientras Katherine se quedaba en
la habitación dando el biberón a Rachel en el salón comenzaba una animada
conversación.
-Estoy deseando verlas, son
preciosas – decía Lanie.
- Cierto, a mí me ganaron con la
primera sonrisa que me mostraron – contestaba Jenny- Laskmi es para comérsela.
Está enamorada de Rachel, dice que cuando venga le contará cuentos cada día.
-Es que son super cariñosas.
Richard está como loco con las niñas –comentaba Kevin.
-Sí. Y Alexis y Martha están
felices. Lex, por lo que me cuenta, se pasa el día enseñando las fotos que
Richard le manda a todos sus amigos.
- Y parece que no son sólo las
niñas las que han logrado el cambio en Richard- intervenía Espo.
Katherine llegaba al salón tras
haber dado el bibe a la pequeña, con ella en brazos.
-Se lo ha tomado todo, ha sido
super buena.
-Ven con papi, princesa. Mira han
venido los tíos a verte – decía tomando en brazos a su pequeña.
Tras pasar un rato de brazos en
brazos Jenny decidió que era hora de llevarla a dormir. Jenny dejó a la pequeña
en su habitación y regresó al salón el monitor vigila bebés, entonces
comenzaron la cena. Durante la misma todos evitaron continuar con el tema que
tenían antes de la llegada de Katherine con Rachel.
-Estarás aburrida de estar tanto
tiempo sin hacer nada – decía Jenny.
-He encontrado algo en lo que
emplear mi tiempo – contestaba Katherine.
-¿En qué? – quería saber Kevin.
-Estoy intentando encontrar a
Richard.
- Vaya, y ¿cómo llevas la
investigación? –preguntaba la forense.
- La llevo, tengo que reconocer
que me está costando más de lo que yo pensaba.
-Y ¿para qué le quieres
encontrar?- preguntaba Espo.
-Quiero hablar con él. Explicarle
todo lo pasó, decirle que le amo – todos se sorprendían al escuchar a Katherine
hablar de sus sentimientos – quiero volver con él. Quiero pasar el resto de mi
vida junto a él.
Al escuchar aquello todos se
miraron sin poder evitarlo, preguntándose si no sería demasiado tarde para
Katherine.
-Buena suerte – era lo único que
Lanie decía.
Unas horas después todos
abandonaron la casa de los Ryan.
Lanie, pese al intento de Espo
volvió a su casa en el coche de Katherine.
-Cariño, mañana si puedo te llamo
para comer juntas – decía la forense al bajarse del vehículo.
Katherine llegó a su casa, al
bajar de su coche se fijó en el asiento del copiloto. Allí se encontraba el
móvil de la forense. Se quedó pensando que debería hacer y finalmente decidió
volver a casa de su amiga y devolvérselo.
Una vez en la dirección de la
forense y cuando ya se iba a bajar del coche, una idea pasó por su mente.
Mentalmente pronunció un lo
siento. Metió el código de seguridad del móvil y una vez desbloqueado buscó
aquello que deseaba tener.
Una vez encontrado apuntó aquello
en su móvil y volvió a bloquear el teléfono.
Tras darle a Lanie el teléfono
regresaba a su casa.
Una vez en la cama miraba aquel
dato que había tomado del móvil de su amiga. Sabía que había actuado mal pero
necesitaba aquello, había sido algo superior a sus fuerzas. Al día siguiente
decidiría que hacer con ello.
A las 7 de la mañana su móvil
comenzó a sonar, se sorprendió al ver el nombre que aparecía en la pantalla
hacía tan solo tres días que le había facilitado la información.
-Kate, ya tengo lo que me
pediste. Quedamos en el mismo sitio de siempre a la misma hora – dijo la voz al
otro lado de la línea.
-Perfecto, nos vemos en un rato.
Mientras se dirigía hacia aquella
cafetería iba pensando en la suerte que para ella era haber conocido a aquella
joven. Sin aún saber que habría descubierto, supo que aquello le acercaba un
poco más a lo que ella quería.
Entró mirando a cada lado
esperando ver a la persona con la que había quedado. La vio sentada en una mesa
del fondo.
-Hola, siento el retraso pero no
encontraba aparcamiento – decía Katherine nada más llegar.
-No te preocupes – sin tiempo que
perder comenzó a hablar- Bien Kate, antes de nada recuerda, yo no te he dado
nada. Aún sigo esquivando ciertas vigilancias y no me apetecería tener que
volver a España – dijo con una risa malvada -, ya sabes – guiñó el ojo.
Le fue enseñando toda la
información: fotos, números de cuentas, mapas. Su forma de trabajar se basaba
en nunca preguntar, le dan un objetivo y ella lo cumple, simplemente, y eso fue
lo que hizo. La cuenta bancaria y el nombre que Kate le había facilitado eran
información más que suficiente.
La cuenta era de un banco español
el cuál no le fue nada difícil saber su identidad por los dígitos de la
numeración del cheque y dado que el sistema bancario español tiene una
seguridad bastante mediocre, aún a pesar de la seguridad informática tan
“avanzada”, tan solo tuvo que “pelearse” un par de días con las actualizaciones
en las nuevas infraestructuras y colarse por los pequeños agujeros de seguridad
intangibles. El sistema de seguridad que emplean los bancos españoles a día de
hoy sigue flojeando en el primer factor de contratar a empresas secundarias con
un departamento privado de “Expertos en Seguridad Informática” donde deben
cumplir con un estricto contrato de confidencialidad y con el cual un mínimo
incumplimiento podían verse sometidos a sentencia judicial penada con cárcel,
en definitiva era casi un trabajo diario para ella.
Por normativa obligatoria todos
los cheques son almacenados y digitalizados en una base de datos interna como
modo de seguridad en caso de fraude y, por suerte, no lo habían emitido como
“Cheque en blanco” sino como retirada a nombre de una tal “Carmen Marcos” y con
DNI 232963W. La retirada del dinero se hizo en la provincia de Madrid, en la
sede con dirección Paseo del Prado numero 1.
Una vez conseguida la dirección
de cobro, el nombre de la persona y su DNI la búsqueda de información se
reducía bastante. Ahora tocaba la parte divertida: se entrometió en la base de
datos de la policía. No tardó más de 6 horas en hacerlo contando con la ayuda
de su compañero de batalla, “dragon heart”, que llevaba 2 años detrás de ellos
desde que se unió al famoso grupo “Anonymos”. Los datos de esta mujer los
obtuvo en un santiamén una vez dentro de la base de datos. Tenía una hermana
mayor llamada Gabriela, médica y cooperante con la ONG española Fundación
Vicente Ferrer que trabajaba en la India. Desde hacía unos meses Gabriela
estaba en la India cooperando con la FVF.
Acid Raina esperaba que todo eso pudiera ayudar a Kate, aunque le había
extrañado que le pidiera este tipo de favor, desde luego debía ser muy
importante para ella obtener esta información.
-Necesito un favor más – decía
Katherine- necesito un móvil.
-Supongo que lo quieres sin que
deje rastro – Katherine asentía – esta tarde te llegará el paquete a tu casa
con él. Ahora tengo que largarme. Ya sabes, cualquier otra cosa que necesites,
soy tu persona.
-Gracias. Espero verte por
cualquier otra cosa y no por cosas como ésta – contestaba Katherine.
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